Kuss gana la etapa de la Vuelta y Roglic y Vingegaard amenazan
Kuss se llevó la victoria en la subida al Pico del Buitre, el lugar donde se asienta el observatorio astrofísico de Javalambre. Un lugar en medio de la España vacía, esa que se extiende mucho más allá de Teruel, donde la cobertura telefónica es escasa y las comunicaciones por carretera son difíciles. Territorios donde las bicicletas se manejan mejor que los coches. Un lugar ideal para que Kuss, exhiba sus cualidades de escalador. Un estadounidense asentado en Cataluña, con un español perfecto y aficionado a la comida del país, a la paella, pero también a la butifarra y a los callos.
Kuss hizo una maniobra perfecta para ganar la etapa, saltando del grupo de escapados del que había salido primero Einer Rubio. Atrapó al colombiano a falta de tres kilómetros y lo dejó a dos para el final para marcharse en solitario camino de la victoria. «Era una fuga de mucha calidad, con buenos escaladores», confiesa. Con ciclistas como Mikel Landa o Romain Bardet y otros más jóvenes, como Rubio o como Lenny Martínez, el nuevo líder de la carrera.
Kuss hizo lo que tenía que hacer por delante y Roglic y Vinggegaard, lo que tenían que hacer por detrás. El esloveno fue el primero en atacar en el grupo de favoritos. Y al ritmo de su acelerón le temblaron las piernas a Evenepoel, el líder de la carrera. «No he tenido malas sensaciones, pero sí he sentido las piernas muy pesadas cuando han arrancado y he preferido coger mi ritmo y acelerar los últimos 500 metros», confesaba el belga.
Remco tampoco pudo contener a Vingegaard, que se unió a Roglic y juntos caminaron hacia la meta con la ayuda de su compañero Atila Valter hasta que reventó. Sólo Enric Mas pudo seguirlos en principio. Hasta que reventó también. Una explosión inesperada en los últimos metros que le hizo verse superado por Ayuso y casi por Evenepoel, que recuperó el oxígeno en el último tramo. «Se ha hecho durísimo . He llegado reventado como un saco», confesaba el ciclista balear.
La exigencia de las últimas rampas hace que la subida parezca infinita, que nunca llega la pancarta de meta. Y así debió de parecerles a Roglic y a Vingegaard cuando veían que Ayuso llegaba por detrás, a su ritmo pero amenazando a las dos fieras que llevaba por delante. Seis grandes han conseguido entre los dos, pero el joven español no se asusta. Y tampoco se ceba cuando ve que los demás aprietan. «Ha sido una etapa brutal porque se ha ido a tope desde el principio. Cuando han arrancado no he podido, pero estoy contento porque no me han sacado casi nada», dice.
Ahora los principales favoritos de la carrera se encuentran en una horquilla de 19 segundos en la clasificación. Y Evenepoel sigue siendo el primero de ellos. El belga detuvo la sangría y, aunque el maillot rojo cubra ahora los hombros de Lenny Martínez, sigue siendo el verdadero jefa de la carrera. Pero las diferencias de la contrarreloj inicial ya se han esfumado para todos.
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